De un local tradicional, el bar La Catedral ha ido transformándose en un espacio gastronómico con toque gourmet, gracias a la apuesta de Marcos Milagro Miramón y de su hijo, Mauro Milagro González, quien tras su formación en Le Cordon Bleu de Madrid, se ha convertido en toda una joven promesa de la cocina navarra. El templo culinario, reconocido por sus productos de temporada, como el tomate feo, la alcachofa o las piparras, atrae tanto a los fieles devotos "de casa", como a turistas y equipos de cine que ruedan en Bardenas y concluyen sus jornadas de trabajo en este ya mítico local que celebra la tradición, a la vez que consagra el potencial del Casco Antiguo tudelano.
EL PADRE
Marcos
Marcos Milagro abrió La Catedral hace más de una década. Lleva el nervio del Ebro en la sangre y el corazón en la mano que sujeta y abre para estrecharla o brindar con sus clientes, a quienes se debe por completo. Le gusta recordarnos que "lo importante es estar con la gente y no por encima de la gente". Y él lo aplica. Es, sin duda, el alma y la alegría de la huerta, y el máximo custodio de este templo sagrado.
EL HIJO
Mauro
A través de sus elaboraciones, Mauro Milagro muestra su manera de entender la cocina: sencilla, honesta y centrada en el sabor. Al joven chef, que ya ha recibido varios premios nacionales, le gusta asumir retos y “meterse en el barro”, una filosofía que le impulsa a investigar, a innovar constantemente y a seguir creciendo como profesional.
Este bocado logró el 1.º premio al Mejor Pincho Local y el 3.º premio a nivel nacional en el IV Concurso de España de Pincho de Verdura de Tudela, celebrado el 24 de febrero de 2026.
Se trata de una elaborada tartaleta de pasta philo, diseñada por el talentoso chef, que rinde un homenaje gastronómico a los productos de la huerta navarra.
EL ESPÍRITU SANTO
Un gran equipo
Al compás de cada liturgia, hay un conjunto de voces que comulgan cada día para hacer que el altar mayor deslumbre. Son las manos que pulen y hacen brillar el cristal de las copas; las que templan y sostienen el ritmo frenético de la cocina; las que miman, atentas, la terraza o las que reparten, desde bien temprano, el oro verde o grana de las huertas y bodegas riberas por las calles de "lo viejo". Porque ningún solista llega a la gloria sin una partitura compartida ni un coro bien afinado que lo acompañe, con todos sus tonos y tesituras.